EL ANILLO DE GIGES. Reflexiones sobre liderazgo

El Anillo de Giges

Este mito filosófico, es relatado por Glaucón, en el Libro II de La República de Platón, como parte de un desafío a Sócrates para que demuestre que la justicia es buena en sí misma, y no solo por las consecuencias o la reputación.  

La trama del mito, y las conclusiones, son ideales para extraer algunas lecciones y aplicaciones en materia de liderazgo. 

Giges es un humilde pastor al servicio del rey de Lidia1. Tras un terremoto, la tierra se abre, revelando una caverna con un caballo de bronce hueco. Dentro, Giges encuentra un cadáver de proporción más grande que un humano, que lleva un anillo de oro en el dedo. Giges toma el anillo y descubre accidentalmente su poder: al girar la joya hacia la palma de su mano, se vuelve invisible

Al darse cuenta de la impunidad que le otorga la invisibilidad, Giges, que antes era un hombre sencillo, se corrompe inmediatamente. Utiliza el anillo para colarse en el palacio, seducir a la reina, asesinar al rey con su ayuda, y apoderarse del trono de Lidia. 

Glaucón utiliza esta historia para argumentar que nadie es justo por voluntad propia, sino por necesidad, y por el miedo al castigo y al juicio social. Afirma que, si se le diera el Anillo a un hombre justo y a uno injusto, ambos actuarían de la misma manera (injustamente) para su propio beneficio, porque la injusticia es percibida como el camino más provechoso cuando no hay consecuencias. 

La respuesta de Sócrates no es breve, prácticamente la construye en los restantes capítulos de La República, concluyendo que ser justo es intrínsecamente mejor que ser injusto, al margen de las recompensas externas y de si uno es visto por los demás. La justicia es la armonía interna del alma, es lo que la salud es para el cuerpo. Aunque parezca ideal. Sócrates afirma que el filósofo —o el líder— es quien entrena su visión para identificar la idea del Bien, y, por tanto, ya no tiene interés en usar un anillo mágico.  

La mayor recompensa de la virtud es la virtud misma, y el mayor castigo para quien incurre en injusticia, es, precisamente, ser injusto, vale decir, perder la salud del alma. 

El poder absoluto, la impunidad (el «anillo»), exhiben la verdadera naturaleza moral de un individuo: en realidad, el poder no corrompe, sino que revela lo ya estaba dentro.

Un líder que se precie de auténtico no actúa correctamente por temor al castigo o por buscar la aprobación, sino porque ha interiorizado la justicia como el mayor bien, independientemente de la observancia externa.

Cuando el sistema de liderazgo funciona con base en la vigilancia y el castigo externo, es débil, y se desmorona a la primera oportunidad de impunidad. La justicia debe ser un valor inherente al líder, no una imposición.

El líder tiene acceso a información y recursos privilegiados. La leyenda advierte que la tentación de utilizar estos recursos para el beneficio personal (asesinar al rey para obtener el trono) es una fuerza poderosa que debe ser combatida por la moral interna.

La policía es una institución facultada para hacer uso de la fuerza legítima y tiene acceso a información sensible y privilegiada. En términos metafóricos, se le confía una versión del «Anillo de Giges». 

Aunque sujeta al ordenamiento jurídico, esa autoridad discrecional es la invisibilidad que obtuvo Giges. Este relato, de hace más de 2000 años, sigue siendo la prueba de integridad bajo presión, de cualquier persona que se encuentra en una posición de poder. 

  1. El Anillo de Giges representa la tentación y la impunidad, es decir, el poder discrecional y la corrupción. La autoridad para decidir entre aplicar la ley o ignorarla, aceptar un soborno, o manipular evidencia, si hay condiciones de “invisibilidad”. Ante esta realidad, el liderazgo institucional debe fortalecer los mecanismos de selección del talento humano, enfatizando además en la formación deontológica en la academia, y mantener una evaluación permanente durante el ejercicio profesional.
  1. También, el anillo representa el juicio o deber interno, que en el ámbito de la seguridad pública equivale a la vocación y la ética. El liderazgo institucional debe inculcar la finalidad de la justicia en su talento humano. Justicia es dar a cada uno lo que le corresponde: ni culpables impunes ni justos en condena. No se actúa para ganar méritos ni para evitar ser filmados, cuestionados o sancionados, sino para lograr la realización de la justicia.  
  1. El mito de Giges evidencia la fragilidad de la vigilancia. Los jefes y mandos, en general, deben ser el estándar moral. Si el líder usa su «anillo» (autoridad) para beneficiarse, toda la fuerza seguirá el ejemplo. Por lo anterior, se debe garantizar que los nombramientos y asignación de responsabilidades se basen rigurosamente en la experiencia, capacidad e integridad demostrada y no solo en la antigüedad, el amiguismo o el favoritismo, para asegurar que los «justos» (en el sentido platónico) sean quienes ejerzan el poder. 
  1. Giges, con el poder del anillo, obtuvo acceso a información privilegiada. Sin duda, una corporación policial dispone de ese poder, por lo que se debe asegurar un manejo ético de la información, evitando utilizarla para beneficio personal, de grupos, o de otros intereses ajenos a la realización de la justicia. Se debe resistir la idea de que “el fin justifica los medios”: la policía representa la ley, por lo que cuando actúa ilegalmente, será otra cosa, menos policía. La experticia profesional, los procedimientos adecuados, la observancia de la ley, sin lugar a duda, llevan al éxito justo y duradero. 

Un jefe, o líder, que solo actúa correctamente cuando enfrenta la auditoría institucional o el escrutinio público, podrá ser un líder estratégico, pero carente de integridad. No se trata de qué podemos hacer y salir impunes sino de quiénes somos cuando nadie nos pide cuentas.

La posición jerárquica (el anillo de Giges) puede aislar de su entorno al jefe o líder, impulsándolo a silenciar críticas y actuar sin consultar, lo cual conduce a una desconexión con la realidad y a un perjuicio institucional. El líder debe escuchar, y buscar el consejo oportuno que le ayude a tomar decisiones correctas, rompiendo su invisibilidad.

El éxito puede dañar el carácter moral de un jefe o líder, llevándole a creer que las reglas no se le aplican. El talento y el éxito llevan en sí un veneno: la posibilidad de actuar con impunidad, quebrantando la institucionalidad. El líder debe ser el primero en observar las normas institucionales y el ordenamiento jurídico. 

  1. Fue una región ubicada en el oeste de la península de Anatolia, llamada también Asia Menor, que en la actualidad comprende las provincias de Esmirna y Manisa, en Turquía. ↩︎

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