En el año 2010, fui nombrado jefe de la División de Protección al Transporte (DPT), de la Policía Nacional Civil (PNC), unidad responsable de investigar el hurto y robo de vehículos a nivel nacional en El Salvador, así como de coordinar acciones regionales con policías de Centroamérica y México.
La DPT estaba estructurada en tres grandes áreas: la investigativa —que incluía investigadores y analistas—, un área de técnicas operativas, que era de carácter táctico, y, el área de experticias vehiculares. Esta última realizaba las inspecciones técnicas de seriales de chasis motor y número de VIN, a todos los vehículos introducidos al país, requisito indispensable para su registro ante el Viceministerio de Transporte (VMT), y para otros trámites administrativos relacionados.
En el marco de la reestructuración de la Subdirección de Investigaciones1, efectiva en 2011, la DPT cesó en sus funciones. Los investigadores, los analistas, y el talento humano de Técnicas Operativas fueron reubicados en distintas unidades de la, para entonces nueva, División Central de Investigaciones, mientras que los técnicos en experticias vehiculares fueron integrados a la División de Policía Técnica y Científica.

Al asumir formalmente mis funciones, y analizar los procedimientos bajo mi responsabilidad, hubo uno que llamó particularmente mi atención: el protocolo para la realización de experticias vehiculares.
El procedimiento regular era claro y ordenado. Los usuarios acudían a las oficinas, presentaban la documentación, y se les señalaba una cita para realizar la inspección en las instalaciones de la DPT, usualmente en un plazo entre siete y diez días, a veces menos. El resultado era registrado en línea en el sistema del Viceministerio de Transporte (VMT)2.
Existía también la modalidad de experticia “domiciliar”, para la cual los técnicos se desplazaban hasta instalaciones del solicitante y ahí se realizaba la inspección.
Dicho mecanismo tenía una justificación razonable: grandes empresas de transporte de carga o de pasajeros solían introducir grandes flotillas de camiones o autobuses, lo cual complicaba la atención en las instalaciones de la DPT, tanto por el espacio como por la ubicación misma, sobre el Boulevard del Ejército, una de las vías de acceso a la capital de mayor tráfico vehicular.
Sin embargo, junto a estas modalidades, encontré otra figura, que da origen a esta reflexión: las llamadas experticias VIP (Very Important Person), así denominadas literalmente. Me enteré de estas experticias cuando comencé a recibir llamadas de empresarios o de algunos funcionarios, e incluso de personas conocidas, solicitándome se les pudiera atender de inmediato y sin previa cita, invocando diversos argumentos: plazos por vencer, distancias, viajes inminentes o compromisos inaplazables, en fin, todo tipo de argumentos.
Al consultar al oficial responsable del área técnica, así como a los técnicos informáticos que operaban el sistema con el VMT, constaté que la autorización de este tipo de atención especial era algo cotidiano y normal, existían hasta formularios específicos y atajos en el sistema para proceder con solo firma de autorización de la jefatura.
Tras analizarlo con detenimiento, concluí que dicha modalidad carecía de una justificación objetiva. En primer lugar, porque era injusto para los usuarios que cumplían el trámite regular, quienes debían esperar su día señalado, y madrugar para encontrar espacio donde estacionar sus vehículos a fin de no perder su cita. En segundo lugar, porque realmente las citas se programaban para un plazo relativamente breve y la atención regular era relativamente ágil. Salvo casos extremos, no existía una necesidad real que avalara el privilegio.
Así las cosas, comencé a rechazar este tipo de experticias, lo cual, como era de esperarse, generó el malestar de muchas personas. En cierta ocasión, vía telefónica se comunicó conmigo el Director General de la institución, para consultarme, de manera muy respetuosa, si era posible brindar ese tipo de atención. Le expliqué el funcionamiento del sistema y le informé también que, como jefatura, había decidido suprimir ese procedimiento, exponiendo las razones de justicia, legalidad, y orden institucional que sustentaban tal decisión. Desconozco si alguien le había solicitado apoyo, pero la reacción del director fue de total respaldo, y me animó a continuar ordenando los procesos.
Contando con ese apoyo, incluso limité la autorización de experticias domiciliares, ya que, al requerir un informe detallado, se evidenció que eran muy pocos empresarios y asociaciones los beneficiados y, considerando además que la realización de experticias fuera de las instalaciones institucionales limitada significativamente los mecanismos de supervisión. Como procedimiento normal, con fines de certeza y transparencia, cuando un vehículo resultaba con alteraciones, se designaba a un segundo técnico, de otro equipo, para realizar una nueva experticia y corroborar —o revertir— el dictamen inicial, algo difícil de garantizar en inspecciones externas.
Esta limitación generó también malestar e, incluso tensiones personales. Un oficial, que ya se había retirado de la institución, se enemistó con el suscrito, por haber rechazado experticias domiciliares solicitadas por un familiar.
Esta experiencia, nos permite reflexionar sobre la importancia de que las instituciones públicas observen procedimientos debidamente normados, justos, transparentes, sometidos al escrutinio público. La estandarización es una garantía de igualdad, y fortalece la confianza ciudadana.
Lecciones de aplicación práctica
- La estandarización de procesos y procedimientos protege a la institución y al funcionario. Cuando se admiten excepciones deja de ser un procedimiento, se crean sistemas paralelos y se convierte en práctica discrecional. Los procesos, especialmente si norman servicios a la ciudadanía, deben ser claros, escritos, públicos, aplicables a todos por igual.
Los procesos, en especial si norman servicios a la ciudadanía, deben ser claros, escritos, públicos, aplicables a todos por igual.
No solo brinda transparencia y genera confianza, sino que reduce la presión indebida sobre los mandos, evita favoritismos, protege a los funcionarios honestos y la integridad institucional.

- La actuación estandarizada no debilita la eficiencia y, por el contrario, fortalece la transparencia y la legalidad. Habitualmente, las “vías rápidas” cuestionan la agilidad y la eficiencia, y se basan en la urgencia particular. En los casos expuestos, la atención ya era razonablemente ágil, y la excepción respondía más bien a influencia y no a una necesidad real.

Si el sistema funciona bien, no necesita atajos. Debe prevalecer siempre la legalidad y la genuina eficiencia, lo cual se logra mediante una mejora continua, creando puertas laterales.
- Un principio base de la Justicia procedimental es asegurar la igualdad ante el trámite, no ante la persona. La institucionalidad justa no se mide solo por resultados, sino también por el trato equitativo durante el proceso. Fundamental para fortalecer la confianza pública.
- Cuando la decisión es correcta y fundamentada, a pesar de los malestares o conflictos que pueda generar, motiva el respaldo institucional. La autoridad moral no se hereda con un cargo, corresponde a la jefatura o líder construirla con decisiones justas, aunque sean difíciles. El respaldo de la máxima autoridad confirmó que la medida era correcta y fortaleció la institucionalidad. El silencio o la ambigüedad de la jefatura superior debilitan los cambios positivos.
Las instituciones públicas se fortalecen observando procedimientos justos, incluso cuando ello incomoda. La confianza ciudadana no nace de la atención privilegiada, sino de la certeza de que la ley se aplica de la misma forma para todos. En ese equilibrio entre legalidad, justicia y transparencia, radica el estado de derecho y la ética de los funcionarios.

- Luego de un largo proceso, coordinado por el Comisionado Juan Carlos Martínez Marín, en 2011 se ejecutó la reestructuración de la Subdirección de Investigaciones. Entre otros aspectos relevantes, cesaron funciones las Divisiones de Finanzas, Fronteras, DPT, División de Homicidios, División de Investigación Criminal, y se creó la División Central de Investigaciones (DCI), la cual está integrada por Unidades. Los investigadores de las divisiones suprimidas se integraron en diferentes unidades investigativas de la DCI; todos los analistas se integraron en la Unidad de Análisis y Tratamiento de la Información de dicha división; los equipos de Técnicas Operativas y personal uniformado se integraron en la Unidad de Técnicas Operativas, o en Apoyo Técnico Operativo, según su especialidad o funciones. ↩︎
- En la actualidad, las solicitudes de trámite y citas para experticias vehiculares ya no son procesadas por dependencias de la PNC sino que son gestionadas directamente por el VMT, a través de la empresa SERTRACEN. ↩︎





















































